La deflagración registrada el jueves pasado en la colonia Granjas, en Cuernavaca, dejó viviendas dañadas, personas lesionadas y familias que todavía enfrentan las consecuencias de una emergencia provocada por una fuga de gas en una pipa.
Pero entre las víctimas también hubo quienes no pudieron pedir ayuda: los animales de compañía.
Perros y gatos que permanecían dentro de las viviendas tuvieron que enfrentar el estruendo, el fuego y el miedo provocado por la explosión. Algunos fueron encontrados con lesiones y tuvieron que ser trasladados para recibir atención veterinaria.
Rosa Isela Rojas, de la asociación animalista Cuernavaca Ama a sus Animales, señaló que al menos tres perros y dos gatos recibieron atención médica gracias al apoyo de dos veterinarias que ofrecieron sus servicios de manera gratuita.
Sin embargo, los daños no necesariamente son visibles, ya que el impacto de una explosión puede provocar miedo, estrés y ansiedad en los animales, incluso cuando no presentan quemaduras o heridas.
Por ello, se recomienda que los propietarios mantengan bajo observación a sus mascotas durante los próximos días.
Temblor, esconderse durante largos periodos, falta de apetito, cambios repentinos de comportamiento o miedo excesivo pueden ser señales de estrés y requieren valoración veterinaria.
La tragedia en Granjas no solamente cambió la rutina de decenas de familias. También alteró la vida de perros y gatos que forman parte de esos hogares y que, durante la emergencia, quedaron expuestos al fuego, al ruido y al caos.
Mientras las familias continúan tratando de recuperar sus viviendas y atender las consecuencias del siniestro, vecinos, rescatistas y veterinarias han contribuido para que los animales también puedan recuperarse, porque ellos también son parte de esas familias y aunque no puedan explicar lo que vivieron, las secuelas de aquella explosión también pueden permanecer en ellos.

