El Día de Muertos es una de las tradiciones prehispánicas más importantes en la cultura mexicana, con el entrelazado que se hizo a punta de imposiciones con la religión católica.
Sea cual sea la razón, el recibir a los muertos cada año da a propios y extraños el sentido de pertenencia, arraigo, cariño y quizá esperanza de que aquellos que ya no están, o cuando nosotros ya no estemos, podamos reunirnos de nuevo, así sea por unas cuantas horas.
Pero hay un detalle, los panteones de La Leona -el más antiguo de Cuernavaca ubicado en el poblado de San Antón-, o el de Tlaltenango, Chapultepec, Acapantzingo, Antonio Barona, Teopanzolco o las Margaritas, simple y sencillamente están rebasados en su capacidad.
La abuela materna está inhumada con la bisabuela y un tío, hermano de mi madre. Hace 30 años sabíamos perfecto el camino, dónde pisar y dónde no para no molestar a la vecina o al vecino. Hoy en día el panteón de Teopanzolco es un verdadero caos.
La demanda del servicio obligó a las autoridades municipales, con tino o no, inhumar hasta en los pasillos y prácticamente en un segundo o tercer nivel.
Quienes son asiduos de visitar a sus seres queridos en los panteones, prefieren hacerlo antes o después de estas fechas debido a la saturación, porque prácticamente entre el 1 y 2 de noviembre es imposible caminar hasta llegar a la tumba que buscamos, o es una labor titánica hallar al joven o al señor que ayude en la limpieza, en la acarreada de agua, en darle una manita de gato a la lápida, limpiar los floreros, quitar la maleza y preparar todo para la convivencia, ya sea un rezo o hacer la comilona con la música que al ser querido le gustaba, con bebida embriagante de por medio, aunque las autoridades se cansen de decir que esto está prohibido.
Además de los panteones que están bajo el control del municipio, hay otro más, el de “Jardines de La Paz”, porque en realidad así se llama, mejor conocido como el panteón de La Paz; quizá el que tiene la mejor distribución de tumbas -no así las mejores condiciones por estar sobre un tiro de mina, que con las lluvias combinada con la irresponsabilidad del exalcalde Francisco Antonio Villalobos Adán, que vendió espacios en la ladera, a pesar de las advertencias de que eso causaría más inestabilidad al terreno y derrumbes lo que ocurrió en 2022.
En Cuernavaca también hay panteones ejidales ubicados en los poblados de Santa María Ahuacatitlán, Ocotepec, Ahuatepec, Chamilpa y Tetela del Monte, pero sólo son para las personas de la comunidad, sin que la autoridad tenga injerencia en ello. “Este año tuvimos dos casos de familiares de la organización, que además de la pena de haber perdido a su ser querido, se encontraron con la disyuntiva de no encontrar un espacio para la inhumación.
“Una de estas personas era vecina de Santa María y pudo encontrar un espacio, pero con todo el servicio desembolsó casi 60 mil pesos.
“El otro caso, lamentablemente fue un homicidio, víctima de un asalto, y con ello la Fiscalía General del Estado de Morelos impide la cremación del cuerpo -que pudiera ser una alternativa ante la falta de espacios-, bajo el argumento de que se pueden destruir algunas evidencias con ello.
La familia tuvo que buscar quién vendiera un lote, que por cierto se convirtió en el tercer propietario del mismo, con un costo superior a los 100 mil pesos que vieron de dónde sacaron a fin de darle una última morada digna a su familiar”, expresó Diego Torres, vocero de la organización Colonias Unidas de Cuernavaca.
Tanto las autoridades municipales como la sociedad en general no son ajenas a esta problemática, dijo, sin embargo, la falta de liquidez y de espacios no han concretado la adquisición de un predio para un nuevo panteón municipal “Entendemos que es muy costoso para las autoridades, pero hay alternativas, por ejemplo, la preventa de los espacios o bien una inversión pública-privada que ya se han puesto sobre la mesa, será cuestión de un análisis de quienes toman las decisiones; afortunadamente diversos actores políticos ya se han pronunciado sobre esta necesidad y creemos que en conjunto se llegará a una decisión, pero sin duda el tiempo apremia”, recalcó el activista.
En tanto se superan las cuestiones burocráticas, políticas y financieras, las y los cuernavacenses se preparan para una de las mayores fiestas y tradiciones como lo es el Día de Muertos.

